|
Página 3 de 3
Ni el filtro orgánico que supone la madre consigue evitar que el recién nacido sea el fumador más pasivo entre los pasivos. Así lo sugieren las investigaciones efectuadas por el científico G. Koren y su equipo del Hospital General de Toronto, en Canadá.
El doctor Koren y su grupo han comprobado que la acumulación en el cabello de nicotina y de su metabolito, la cotinina, refleja con precisión una prolongada exposición de la persona al tabaco.
Los investigadores han analizado y comparado las cantidades de estos dos componentes nocivos del tabaco que estaban presentes en el cabello de tres grupos de madres y sus respectivos hijos: fumadoras, no fumadoras y fumadoras pasivas.
Fumar dentro del vientre
La conclusión ha sido alarmante: aunque sin llegar a las cantidades observadas en los hijos de madres fumadoras, los recién nacidos de fumadoras pasivas también tienen en su pelo cantidades considerables de nicotina y cotinina.
Diversos estudios indican que las madres que fuman tienen un mayor riesgo de dar a luz niños de bajo peso y prematuros, de sufrir abortos espontáneos y de mortalidad perinatal. También se ha observado que el tabaco es neurotóxico para el niño y puede afectar el desarrollo de su comportamiento.
Del extremo incandescente de un cigarrillo se desprenden productos irritantes, agentes carcinógenos, gases tóxicos y sustancias que interactúan con otros contaminantes caseros y potencian su acción.
El humo de la combustión del tabaco y el papel de un cigarrillo puede ser más peligroso que el aspirado por el fumador, ya que contiene más monóxido de carbono, alquitrán, benzopireno, amoníaco y sustancias tóxicas.
Además, el humo de cigarrillo que se consume lentamente en el cenicero es más insalubre porque sale a menor temperatura. El humo que aspira el que fuma, alcanza muchos más grados y parte de sus componentes cancerígenos se queman.
Fuente: univision.com
|