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Su mudanza a Hollywood la hizo más rica y más famosa, pero de aquella talentosa actriz española, ni hablar. Las producciones norteamericanas sólo reivindican sus títulos de belleza (ella es la más dulce de las “bombas latinas”). Pero entonces reapareció el genial Pedro Almodóvar, y de su mano protagoniza Volver, en la que Penélope –que acaba de cortar su relación con Matthew McConaughey– brilla otra vez y vuelve a dar pruebas de su innegable talento.Estoy muy agradecida por las oportunidades que me brindan en los Estados Unidos, y entiendo que los personajes que hice hasta ahora, no han requerido demasiado trabajo desde el punto de vista emocional...”. Así, con diplomacia y mucho tacto, la actriz española Penélope Cruz (32) confirma lo que la mayoría (críticos especializados y espectadores) sintió al verla brillar nuevamente en la última película de Pedro Almodóvar, Volver. La talentosa belleza madrileña retornó a sus raíces y sus palabras de agradecimiento al director son elocuentes: “Trabajar con él para mí es lo máximo, porque está creando día a día. Yo tengo plena confianza en él y, cuando me dice que tiene un papel para mí, acepto sin leer el guión. Para lo que me llame, ahí estaré”. Y Almodóvar no le falló, le reservó el mejor papel de su más reciente producción: Raimunda, una mujer tan atractiva como esforzada, una madraza, una gran hija, y una gran hermana.
Todo sobre Penélope
El comerciante Eduardo Cruz y la peluquera Encarna Sánchez deben haber sentido un gran vértigo cuando, a los 15 años, su hija mayor, Penélope, dejó sus estudios para dedicarse al arte. “Mis padres eran muy modernos, creo que fue porque tenían 21 años cuando yo nací. Tres años después, llegó mi hermana Mónica (también actriz y muy parecida a ella) y once más tarde, Eduardo (a punto de lanzar su carrera de músico). El domingo todos hacíamos la limpieza en ropa interior, con Rod Stewart a todo volumen”, reveló divertida en una entrevista reciente.
Apenas dejó de estudiar, dos acontecimientos marcaron el futuro de Pe –así la llaman sus íntimos–: por un lado, vio la película Atame, de Pedro Almodóvar, y entonces supo que lo que más quería en el mundo era trabajar con aquel genial director. Por el otro, se presentó a un concurso de nuevos talentos, y se impuso ante 300 aspirantes. ¿El premio? Contratos en múltiples programas de la televisión española, en shows musicales y, finalmente, su primera oportunidad en la pantalla grande. A finales de los ’80, fue elegida para participar del videoclip de una canción del grupo de tecno-pop Mecano (con el líder de esa banda, Nacho Cano, mantendría un romance). Casi inmediatamente llegaría su debut en el cine, con la película El laberinto griego (1991), un thriller. Al año siguiente, deslumbró en Belle Epoque, de Fernando Trueba –ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera– y Jamón Jamón, de Bigas Luna, filme por el que fue nominada al premio Goya como Mejor Actriz. A partir de ese momento, una serie de buenas películas la pondrían en el candelero, no sólo del cine español, sino también del mundo. Y sobre todo, cumplió el sueño de trabajar a las órdenes de Pedro Almodóvar en Carne trémula (1997), hecho que se repitió en Todo sobre mi madre (1999), filme que ganó el premio de la Academia de Hollywood a la Mejor Película Extrajera y que terminó de proyectar su carrera internacional. En todas estas producciones, aunque su aspecto físico llamaó la atención de más de uno, la joven madrileña se cuidó de no explotar sus atributos por encima de sus habilidades. “Lo más difícil es comenzar tu carrera apoyándote sólo en tu aspecto y luego querer volverte una actriz seria –reflexionaría más tarde–. Nadie te tomará en serio si arrancaste solamente como una mujer bonita”.
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